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En medio de las elecciones estudiantiles

Escándalo en Trabajo Social: bajaron una lista porque un candidato fue denunciado por acoso sexual

Las elecciones estudiantiles en la Facultad de Trabajo Social se vieron trastocadas por un hecho inesperado. Una alumna denunció a través de Facebook que el primer candidato a consejero del Frente Crítico Laura Iglesias intentó abusarla en el departamento que compartían. La víctima además contó que antes de hacerlo público había relatado lo que le había pasado al referente de la agrupación Insurrectos, donde milita el acusado, y que este decidió protegerlo. La lista fue dada de baja en la categoría de consejeros.

por Blanco Negro

02/11/2017

Trabajo%20social

El Frente Crítico Laura Iglesias era una de las fuerzas que peleaba por la conducción del Centro de Estudiantes en Trabajo Social. El espacio integrado por agrupaciones de izquierda y feministas se partió a partir de una denuncia de una alumna que a través de Facebook relató que a principios de 2016 un compañero, que ahora encabeza la lista de consejeros estudiantiles, con quien compartía vivienda la quiso violar.

“Se acercó no solo decidido sino que convencido de que íbamos a estar. Entre rechazo y sorpresa le digo que no y me levanto de la cama abruptamente. Le digo que se vaya de la habitación. Cuando me doy vuelta para volver a donde estaba me agarra de atrás, con más fuerza. Entre forcejeo y algún grito me corro y hago que se vaya y cierro la puerta con fuerza”, contó Julieta que también militaba en Insurrectos, la misma agrupación que el acosador.

Por la noche, la joven regresó al departamento y su compañero la acosó nuevamente. “Antes de llegar a la puerta, en el pasillo, estando todo oscuro, y estando yo ya muy nerviosa, aparece adelante mío el Pipa (no sé de dónde) y trata nuevamente (otra vez!) de agarrarme. Como pude lo empujé y me fui sabiendo que ya no iba a poder volver”, relató.

Julieta además aseguró que narró lo sucedido al referente de Insurrectos. “Le contamos todo, dijo que se trataba de una ‘situación compleja’, y volvió a repetir argumentos como que ‘el machismo nos atraviesa y que nadie está exento’, y a insistir en que no sea haga esta publicación”, aseguró.

Esta situación hizo que las demás agrupaciones que integraban la lista (Pan y Rosas, PTS y el CAUCE) rompieran el frente por lo que la lista fue levantada, al menos en la categoría consejeros encabezada por el denunciado. Por ahora seguía en pie la boleta de este frente para el Centro de Estudiantes.


El relato completo de Julieta Contreras Bravo

Voy a contar algo que me pasó hace un tiempo, porque desde ese momento hasta hoy sentí la necesidad de hacer algo, de hablar, de decir, de cuestionar. A principios del año pasado compartía departamento con dos compañeros de la facultad y militancia, Pipa (Nuncio Píparo) y Joaco. Convivíamos desde hacía un año y siempre fue una convivencia tranquila. Pero un día Pipa decidió que podía estar conmigo y entró a mi cuarto a la tarde mientras yo miraba una serie. Se acercó no solo decidido sino que convencido de que íbamos a estar. Entre rechazo y sorpresa le digo que no y me levanto de la cama abruptamente. Le digo que se vaya de la habitación. Cuando me doy vuelta para volver a donde estaba me agarra de atrás, con más fuerza. Entre forcejeo y algún grito me corro y hago que se vaya y cierro la puerta con fuerza. Estuve un rato más ahí en la pieza, enojada, molesta, asustada. No podía pensar muy claro y salí caminar. Me encontré con una amiga y hablamos un rato sobre esto. No quería volver, ni siquiera a buscar mis cosas. Traté de tranquilizarme y a la noche volví al departamento. Me recorría una sensación horrible, me sentía intimidada, invadida. En mi habitación lloré, un montón. Estaba en mi casa, era el mismo pibe con el que había convivido hacía un año, militábamos en una organización de izquierda juntos, nos revindicábamos feministas, no quería creer lo que había pasado. Hablaba por whatsapp con Mati, mi compañero, iba a esperar al otro día para hablar con el sobre esto, quizá más calmada, pero no podía sostenerme y a la madrugada le pedí que me pase a buscar. Decidí salir antes de que llegue, no quería estar un minuto más ahí. Antes de llegar a la puerta, en el pasillo, estando todo oscuro, y estando yo ya muy nerviosa, aparece adelante mío el Pipa (no sé de dónde) y trata nuevamente (otra vez!) de agarrarme. Como pude lo empujé y me fui sabiendo que ya no iba a poder volver. Al otro día fuimos con Mati a buscar una mochila con ropa y algunas cosas de la facultad, me acompañó porque no sabíamos si iba a estar ahí y sola no quería volver. Desde entonces me quedé en su casa y en la de una amiga. Unas semanas después decidí buscar al menos una parte de mis cosas, y aproveché ese momento para hablar con Joaco, para contarle lo que había pasado y explicarle por qué no iba a vivir más ahí. No me sorprendió que busque justificarlo, siendo que eran muy amigos, pero me molestaba que su discurso sea tan machista como los que criticamos y buscamos deconstruir, lo protegió y me invitó a no hacer esta denuncia. En esos días me llegaron algunos mensajes de Pipa, para pedirme que por favor no le contara a su novia, que militaba con nosotros, que no me enoje, que no era para tanto. Para cuando empezaron las clases, por esta misma razón, dejé de militar en la agrupación, pero verles la cara a mis compañeras en la facultad siempre era una situación incómoda. Después de varias charlas con mi amiga decidimos hablar con una referente dela agrupación. Le contamos todo, dijo que se trataba de una “situación compleja”, y volvió a repetir argumentos como que “el machismo nos atraviesa y que nadie está exento”, y a insistir en que no sea haga esta publicación. Me llegué a sentir equivocada, a pensar u obligarme a pensar que no era para tanto. Me llené de contradicciones. De ese tiempo a esta parte, me siento mal. Cada vez que lo pienso, se me oprime el pecho y se me hace un nudo en la garganta. Seguimos transitando el mismo espacio de la facultad, y cada vez que lo cruzo me siento intimidada, me siento chiquita y angustiada. Esquivo fiestas y reuniones por no cruzarlo. Me toca esquivarlo en la facultad. Este año me tocó cursar con él, y tuve que prepararme para entrar al aula y así y todo era inevitable volver a sentir el nudo en la garganta (como me pasa cada vez que lo cruzo). Me la aguantaba unas horas y volvía a mi casa triste, enojada, sobre todo angustiada. De ese tiempo a esta parte la idea de hacer esto público dio vueltas en mi cabeza. Siempre con dudas y miedos. Pero estoy cansada, podrida. Hoy no me callo, ni lo naturalizarlo.

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