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Hacia la recta final

La Plata: lo que dejaron las PASO. Algunas impresiones. Análisis.

Escrutados los votos de las PASO se cierra el capítulo primero y se abre el final. Nada es seguro, y el desenlace promete ser palmo a palmo

17/08/2013

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Si bien las PASO pueden ser consideradas tan sólo un test, o como dijo un conocido periodista opositor, “apenas una encuesta”, lo cierto es que los resultados que arrojaron han sacudido profundamente todo el espectro político: local, provincial y nacional.

En La Plata, la gran elección del Frente Renovador logró su predecido impacto, en una ciudad en la que el domingo pasado el FPV esperaba los resultados con preocupación pero confiado, sin la desazón que a las postres nubló el cielo del oficialismo local apenas pocos minutos después de los primeros resultados a boca de urna.

Así, los medios de comunicación, la dirigencia política y la comunidad platense se conmovió a dos puntas: por un lado, el resultado provincial abría un panorama parecido al de 2009, con el kirchnerismo retrocediendo hacia el segundo lugar y rompiendo así una hegemonía que parecía del orden natural.

Y en La Plata, por otra parte, la lista encabezada por Gabriel Bruera realizaba una muy mala elección, hecho que, para desgracia del oficialismo comunal, contrastó con los casi diez puntos que recogió la colectora cuasi camporista que irrumpió de la mano de la decana de Periodismo Florencia Saintout llevando casi como única bandera el apoyo al gobierno nacional.

Podrá decirse mucho, pero una cosa es incontrastable: hubo doble premio para el FR en la ciudad, con una notable elección de Sergio Massa, por un lado, y con los ascensos del candidato a diputado provincial Jorge Sarghini y del concejal José Ramón Arteaga, que vencieron en la compulsa interna de su partido, para quedar como cabezas de lista con miras a las elecciones del 27 de octubre próximo.

Rápidamente el kirchnerismo más duro y puro festejó la gran elección de Saintout, e incluso descorchó en la intimidad, literalmente hablando, un buen número de bebidas espirituosas para celebrar la buena performance lograda en el distrito. Ocurrió así una rareza de estos tiempos: no pareció acoplar el clima puertas adentro de La Cámpora platense con el que vivían los kirchneristas en casi todo el país ante el durísimo revés que sufrió la lista encabezada por el candidato del FPV Martín Insaurralde. En el Intercontinental, después de los primeros anuncios a cargo del ministro Florencio Randazzo, no sentían que hubiera lugar para las celebraciones.

Peor que el clima que se intentaba disimular en el búnker del FPV en Capital, de por sí frío y con tendencia a la baja a medida que pasaban los minutos, era el que se vivía en el Partido Justicialista local, donde el Intendente Pablo Bruera encendía su casi siempre efectivo inflador anímico, y anunciaba un triplete en La Plata a su favor. Una estimación relativa, según se mida resultados por partidos o se estime por candidato. Arteaga sacó menos votos que Gabriel Bruera, pero el oficialismo local descendió una peligrosa pendiente en las urnas que lo dejan muy malherido.

Lo posible no tiene límites

Por supuesto que falta más de un mes para el 27 de octubre, el “Día D”, cuando ya no habrá, al decir de Feinmann, otra “encuesta”. El bruerismo, se sabe, tiene como rasgo principal una incomparable capacidad de despliegue territorial y de trabajo en aquellos rincones de la ciudad a los que no llega nadie. No se trata sólo de “aparato”: Julio Alak lo tenía cuando cayó derrotado en 2007. Se trata de otra cosa, de eso que los anglosajones llaman Know How, el “saber hacer” o “cómo hacerlo”.

Es una máquina variopinta que se mantuvo a flote hasta el domingo pasado, cuando el resultado puso en blanco sobre negro lo que se venía fermentando en las calles de la ciudad. Es una máquina, vale insistir, pero que sufrió con la trágica jornada del 2 de abril un golpe cuyas consecuencias sólo el futuro precisará.

El PJ local debe reconstruir urgentemente ese dispositivo electoral. Y mucho tiempo no tiene. El diario que marca opinión y tendencia en la ciudad, El Día, hace rato mira hacia Massa, y no le perdonó nunca a Pablo Bruera su compromiso con la ley de Servicios de Comunicación Audiovisuales (la “Ley de Medios”). Además, replica disciplinadamente el antikirchnerismo que han llevado alto como bandera los medios más poderosos de la Argentina. Pero lo que quita el sueño en el Palacio de calle 12 son dos cosas aún peores: la sensación del electorado de que las inundaciones están directamente relacionadas a la inacción del municipio, y otra no menos importante, que tiene que ver con la tropa bruerista.

Hace rato que se oye hablar de una suerte de corrosión, de desgaste, de desacople, de baja calidad en el armado territorial que respalda al intendente. Los dirigentes barriales que lo acompañan no son los de antes, la mayoría no porque hayan sido reemplazados, sino porque han cambiado su forma de militar en la base, su relación directa con los electores, los vecinos. Muchos se aburguesaron, se alejaron de los problemas cotidianos de la gente, ya no multiplican con tanta eficacia la estrategia de la conducción distrital.

Ahí está el desafío de la hora para el peronismo bruerista: remozar, reverdecer y aceitar ese ejército que lograba un despliegue territorial que atrapaba cada circuito electoral en su telaraña de personas, asistencia social, compromiso político, promesas, asistencia, recursos y todos los condimentos necesarios para hacer impermeables para la competencia la mayoría de los barrios de La Plata.

El casco urbano, se sabe, fue donde peor anduvo la lista encabezada por Gabriel Bruera. “La inundación”, explican, pero quizá no sea sólo eso. Es cierto que generaron cierto hastío algunas medidas y decisiones de gestión, como la extensión del estacionamiento medido, la proliferación de edificios en construcción a cargo de empresas e inmobiliarias que se cuentan con los dedos de la mano, los conflictos con ONGs por la preservación de edificios históricos, una percepción confusa sobre el rol de las cooperativas de trabajo y varios renglones más.

Y, para completar el cuadro, vale aclarar que al ser elecciones de medio mandato el voto suele dispersarse. Así, apareció en otras fuerzas una retórica más municipalista, otrora fortaleza de los Bruera. A diferencia de las fuerzas que basaron sus campañas con reivindicaciones de índole nacional, abordaron como problemática lo que los vecinos perciben urgente, o sea, hablan de lo cotidiano acá y ahora, y no tanto del proyecto latinoamericanista ni de el gran escenario nacional en donde parecen apenas hormigas.

Sorpresas te da la vida

La elección de Florencia Saintout debe entenderse en el marco del declive de la lista oficial del FPV. Los votos provienen de kirchneristas que quisieron castigar a Bruera, un núcleo que fermentó al calor de la década K y que encontró en las inundaciones el escenario ideal para horadar al PJ local, sitio al que siempre sintieron extraño.

Pero, vale decir, no es lo mismo desplazar que reemplazar. Saintout y el padrino de la lista, el ministro de Justicia Julio Alak, deberían tomar nota de ello. Se puede lograr un número que le quite al oficialismo municipal dos concejales, pero aunque el logro no sea nada desdeñable, tampoco alcanzará per se para cambiar el rumbo político en la ciudad.

La bancada del Bloque Nacional y Popular que desde hace dos años maneja el camporista Martín Alaniz, tuvo este tiempo una muy escasa incidencia y participación en la discusión de los temas de la ciudad, incluso después de la tragedia del 2 de abril. Recordemos de nuevo: no es lo mismo desplazar que reemplazar. Se puede sacar una decena de puntos porcentuales, se puede invocar a la década “ganada”, pero para gobernar no alcanza el largo brazo de Cristina Fernández de Kirchner, hay que preocuparse por los temas cotidianos, tener presencia en los barrios, elaborar una propuesta para el tránsito, la recolección de residuos, y todo lo que hace a esa problemática desdeñada. El recorrido de Martín Sabatella para llegar a la intendencia de Morón quizá les sirva de guía.

Todos corren

El massismo conoce ese juego. Arteaga es concejal desde hace 12 años, recorre la periferia como si fuera caminando al almacén, tranquilo, conocedor, acostumbrado. No habla de Venezuela, no le importa Capriles, pone toda su energía en atacar con entusiasmo a la gestión cotidiana de Bruera. Y ahora sumó al concejal Javier Pacharotti, lo que refuerza su estrategia para el tramo final de la campaña. Sabe que ganar lo dejaría en la pole position para las elecciones de 2013 cuando se renueve el Ejecutivo municipal, si es que no median sorpresas en tanto tiempo.

Lo de De Narváez y su referente local, Gonzalo Atanasof, no tiene por estas horas mucha tela por cortar. Gonzalo, como lo llama la militancia denarvaísta, es un dirigente que también trabaja en la periferia, y tiene fuerza allí donde las inundaciones causaron más estragos: Tolosa y Ringuelet.

Disputará palmo a palmo el tercer lugar con el Frente Progresista Cívico y Social, donde ganó la lista de Juan Cocino y Gastón Crespo, muchachos de boina blanca desencantados con la conducción de la UCR, y ahora margaritos furiosos, leales y orgánicos. Fueron la gran sorpresa, pero no cuentan con el aparato que tienen las otras fuerzas, ni siquiera con el que pudo desplegar la lista del Frente Social de Saintout en los medios electrónicos y en la publicidad callejera.

Así dadas las cosas, la pregunta que se impone como la más importante es si el bruerismo logrará, como en 2011, mejorar lo suficiente su porcentaje electoral entre las PASO y las generales. Aquella vez agregó casi 10 puntos porcentuales a su cosecha. Pero en esta oportunidad el escenario es muy diferente, hubo inundación, desgaste de gestión, y no hay oleada nacional del FPV. A favor, como se dijo, tiene un capital que en política vale tanto o más que el oro: la voluntad, la vocación de poder, la inserción territorial, y la experiencia que da subir la cuesta.

La pelea por la presidencia del Concejo Deliberante es un despropósito que en nada lo favorece, sino más bien lo contrario. Victimiza a Pacharotti y encapsula en el Palacio la disputa que Gabriel Bruera necesita dar en la calle, pisando el barro, dialogando con los votantes, explicando lo que tenga que explicar.

Las vísperas

Arteaga mira y sonríe. Entrega reportajes por doquier, y es claro: quién sino él va salir a hablar. Se siente confiado y está respaldado por Juan Amondarain, importantísimo operador de Sergio Massa, ex ladero de Julio Alak, y gran conocedor de la superestructura política, su verdadero hogar desde hace 30 años. Las operaciones quirúrgicas descansan sobre él, el despliegue territorial sobre Arteaga. Se complementan, y bien.

Así las cosas, cuando todavía faltan muchas semanas para les elecciones generales, en cada sector se debate, y mucho, la mejor forma de encarar el último tramo de la disputa. En el FPV local hay silencio total por instrucción del jefe político del distrito. Están analizando la distribución del voto mesa por mesa, detectando las debilidades, mensurando las fortalezas, analizando el trabajo de cada referente territorial. Pero además hay una velada esperanza y un discreto accionar sobre los heridos de la contienda pasada.

Los hay en el massismo y en otras fuerzas. Sergio Panella, otrora gran candidato del FPCyS y ahora gran perdedor de la interna republicana y progresista, no se hace ver por ningún lado, se esconde de la prensa, y abre la posibilidad a todo tipo de especulaciones en torno de su relación con el intendente Pablo Bruera. Siempre se supo que tuvieron buen feeling entre ellos, pero ahora que cada voto vale oro, es esperable que el bruerismo vaya con confianza a ganarse su militancia de base, aunque se sepa que los votos en el cuarto oscuro están bien lejos de los punteros.

Empieza, entonces, lo que se suele llamar, con cierta levedad, “el momento más alto de discusión política de una sociedad”, las elecciones. Esa aseveración podría discutirse, puesto que en las tórridas jornadas de diciembre de 2001, que el 40 por ciento del electorado encuestado afirma no recordar (un dato que no debe faltar a la hora de analizar las razones del voto), la sociedad argentina alcanzó un nivel de politización que fue objeto de estudio en todas partes del mundo.

Estas PASO se fueron haciendo poco ruido, todos festejaron, nadie lloró, nadie se siente seguro de la victoria en octubre ni derrotado de antemano. Se espera una campaña muy peleada, no exenta de episodios extrapolíticos. Está en juego mucho más que la mayoría del Concejo Deliberante. Lo que se pone en el campo de batalla (si se permite la metáfora) es el posible comienzo del fin de la hegemonía peronista en el distrito o del resurgimiento político, simbólico y material que sueña Pablo Bruera desde aquel ominoso 2 de abril. El resultado está abierto.

José Luis Romero
@infoblancosobre


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