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El primer intendente y la opulencia del radicalismo

A 35 años del alfonsinazo en La Plata, recuerdos y postales de "aquellos años dorados" de la UCR

Durante los últimos días hubo clima de recordatorios. Se cumplieron 35 años desde el 30 de octubre de 1983, cuando Raúl Ricardo Alfonsín fue elegido por la mayoría de los argentinos y argentinas para conducir el proceso de recuperación de la democracia. Eran tiempos de muchas preguntas, pocas respuestas y demasiados anhelos para una sociedad que finalmente se conformó con votar cada dos años.

por Nicolás Harispe @nicolasharispe

04/11/2018

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Desde aquella frase de Don Raúl que aseguraba que “con la democracia se come se cura y se educa” hasta estos tiempos de tibias esperanzas, la ciudad de La Plata se transformó profundamente.

Creció tan desordenada como velozmente, y como en la mayoría de la geografía nacional los pobres son más y más pobres que en 1983, y los ricos son menos, pero más ricos que en 1983.

Hacia todos los puntos cardinales menos el Este, en la capital bonaerense se expandieron los barrios de emergencia, asentamientos o villas miserias. Y los sectores medios transformaron sus hábitos cotidianos también, ya más en línea con el pulso de la Ciudad de Burenos Aires. Las vías comunicantes con la Capital Federal eran menos, y La Plata era mucho más una “chacra asfaltada” como decíamos cariñosamente los platenses, que una megápolis en transformación y crecimiento.



Las primeras elecciones

(Pueden ver en la foto que acompaña esta nota, al final de la entrevista, copia del acta oficial con los resultados)


Cualquiera que se detenga a mirar los números que arrojaron aquellos comicios del 30 de octubre de 1983 miraría con un dejo de nostalgia la pequeña ciudad que fue cediendo a la urbanización controlada (o descontrolada) por los desarrolladores inmobiliarios y el crecimiento en la periferia, donde se radicaron miles de compatriotas de las dos patrias, la grande y la chica, y vecinos platenses que escaparon del asfalto para encontrar el verde, sobre todo hacia el norte del distrito.

Pero volviendo a los guarismos de las primeras elecciones democráticas que hubo en la ciudad (luego de la dictadura más brutal de la historia), lo que se puede ver al instante es cómo fue cambiando el sistema de preferencias partidarias que había en La Plata. “Una ciudad radical”, como se solía afirmar. Tan alfonsinistas fueron los platenses a la hora de sufragar en aquel día histórico, que la UCR se dio el lujo de alcanzar la mayor diferencia de votos a favor de toda su historia: obtuvo 14 de los 24 concejales, el peronismo se quedó con tan sólo 9 y el Partido Intransigente (PI) de Oscar Alende con uno. Que encima con tiempo cambió de bancada y se sumó a la del radicalismo.

Fueron necesarios muchos factores para que se revirtiera esa hegemonía robusta que tenían los boinas blancas en el plano electoral. A nivel nacional, la hiperinflación que empujó a Alfonsín y a su partido desde el centro hacia los márgenes de la política, se sumó (en el plano local) al ascenso de una generación en el peronismo de brillantes dirigentes, con Julio Alak a la cabeza (protagonistas de la escena local en la década menemista, y que ensancharon su base de sustentación al incorporar a sectores antiperonistas, a tono con la oleada neoliberal).

Los primeros tiempos de la democracia son recordados como “la primavera alfonsinista”, y en La Plata ese proceso trunco pero muy politizado y participativo, tuvo actores fundamentales. El principal fue el Intendente electo, Juan Carlos Albertí, un personaje de los que ya no hay.

Los mayores de 40 lo recuerdan con su peluquín y un estilo de hacer política muy singular. También recuerdan que cuando prohibió la venta ambulante tuvo que desalojar a un choripanero que se instaló en señal de protesta dentro de la Plaza Italia: su propio hijo, con quien había tenido una pelea personal.

“El radical más populista”, lo definió Juan Carlos “Sony” Montero, un hombre clave en aquella etapa de la política platense. También a Albertí lo definen como “el radical más peronista”. Era tan particular que después de usar su peluca durante largos años, se la sacó y quedó como el Indio Solari, o como Koyak, se decía en esa época (en referencia a un detective de una serie televisión muy popular).

Y también se menciona la anécdota de una visita a Villa Montoro (todos lo reconocen como un gran militante territorial, un pisa barro) en la que una enredadera se quedó (por una desgracia doméstica) con la cabellera del jefe comunal.

No es mucho lo que está escrito, o tiene registro periodístico, disponible para recordar cómo era aquel intendente que ya casi nadie menciona, y muchos menos, reconocerlo en toda su dimensión. Ni siquiera el radicalismo platense le ha rendido homenaje con la pompa que merece a Don Alberti.



En busca de respuestas a ese interrogante, y para conocer algunas postales de “aquellos años dorados”, y de esa generación de dirigentes que condujo en La Plata el proceso de reapertura democrática, entrevistamos a varios dirigentes de la época. Con Sony Montero dialogamos sobre los largos años que lo tuvieron como jefe de la bancada de la UCR en el Concejo Deliberante, un ámbito donde “el rojo y blanco radical” brillaba a todo color.



“En las elecciones de 1983 metimos 14 sobre 24 concejales. Alfonsín hizo milagros de todos lados. (Raúl) Armendariz llegó a ser electo gobernador, no lo podíamos creer. Era un buen tipo, honesto, un gran radical, muy amigo personal del presidente, y todos los que tuvimos durante un tiempo una visión un poco soberbia, pensamos que había sido un gobernador mediocre. Después de los que vinieron, él era Gardel y los 40 guitarristas”, arrancó Montero en un breve repaso sobre el contexto provincial y nacional que indudablemente impactaba en la Ciudad.

“A mí me toco tener un rol trascendente, porque era de la Junta Coordinadora Nacional y de alguna manera, como Federico Storani, cumplía tareas nacionales. Pero no obstante, la responsabilidad política en la interna del radicalismo platense , para la Coordinadora, era mía para muchas cuestiones “, aclaró Sony antes de sumergirse en aquellos años ochenta.

“Me tocó sufrir un episodio muy grave en 1984, me quisieron secuestrar una hijita, y para amedrentarme se metieron en mi casa”, recordó el ex dirigente radical para destacar la fragilidad del marco institucional, y de las primeras dificultades con las que se encontró el radicalismo en el poder.

IBSN: Perdón, ¿dijiste que te quisieron secuestrar?

Yo tenía, en ese momento, tres criaturas. Una de ellas, Paulita, había nacido en abril del 84. O sea que era muy chiquita todavía, y un día Nora, la madre, venía por el centro y dos tipos la levantaron y se la llevaron. La dejaron a 60 metros. Te estoy contando una situación vivida un día cualquiera a las cinco de la tarde, en 8 entre 47 y 48, en la época en la que no había celulares, ni nada parecido.

Se metieron en mi casa dos veces cuando no estábamos y dejaron carteles intimidatorios en la cuna y en la cama de los nenes. También nos amenazaban por teléfono.

Tuve disputas jodidas, entre otras, porque fui muy a fondo con una cuestión que tenía que ver con el Sindicato de Trabajadores Municipales. Yo le armé una lista a Alfredo Atanasoff y gané. ¡En La Plata, sí, le gané una elección en La Plata!. Eso lo hice solo, porque nadie me daba bola dentro de la organización (en referencia a la Junta Coordinadora Nacional), al contrario, varios me decían, “Che, pero hay que negociar”. Vos fíjate que tuvimos que hacer de todo para ganar, y antes de eso para poder armar la lista. ¿Y sabés quién jugaba para Atanasoff? El Ministerio de Trabajo, que estaba conducido por Juan Manuel Casella. Mi correligionario lo amparaba a Atanasoff", cuenta Montero.


El recuerdo de Juan Carlos Alberti

“Alberti fue uno de los intendentes de la Plata más pintorescos , quizá el más particular, Por dos razones: primero, porque fue el dirigente radical que más caminó el territorio, toda la caracterización que puedo hacer de él, por los pocos recuerdos que tengo, es por su trabajo en el territorio, en las zonas más pobres de la ciudad”, destaca el entrevistado.


IBSN: ¿Tan “caminador” era?

Sí, era muy territorial. El peronismo de La Plata en ese momento estaba manejado por un caudillo muy importante, que era Carmelo Amerise, y Albertí trató de hacer una cosa parecida al trabajo barrial del PJ, naturalmente bajo el paraguas del alfonsinismo.

Era un tipo que venía del viejo sabattinismo (en referencia a los seguidores de Amadeo Sabattini). En La Plata había un grupo. En la época previa al 83, el radicalismo se dividía por colores: “Los verdes” eran Intransigencia y Renovación, que estaba representada Arturo Frondizi, y de ahí venían Raúl Alfonsín, Juan Carlos Pugliese y otros dirigentes.

También estaban “Los blancos”, que eran los que tenían todos los matices y colores, según las provincias. Estamos hablando de la década del 70, pero te quiero ubicar para que veas de dónde venía Albertí.

Y “Los celestes” eran más bien sabatinistas que venían de Córdoba. Había tres tipos relativamente importantes en ese sector, que no tenían muchos votos y siempre perdían contra Ricardo Balbín en La Plata, lógicamente. Uno de ellos era Juan Carlos Alberti, el otro era Juan Carlos Stávale y el otro Alberto Rivas.

Ese grupo, el celeste, cuando nació el Movimiento Renovación y Cambio (la línea de Alfonsín) naturalmente se sumó al espacio, porque ellos siempre habían sido anti balbinistas. De ese grupo rápidamente surgió una división, entre los que vendrían a ser alfonsinistas más ortodoxos y los que estaban con Federico Storani.

Pero la UCR La Plata, en 1983, fue unida. Porque no teníamos un perfil acordado entre todos los sectores sobre el mejor candidato a intendente, ni nos interesaba competir. Y Albertí era un tipo con un coraje bárbaro y con muy buen desarrollo territorial. El tipo tenía mucha fuerza. Entonces decidió armar una especie de “Línea La Plata” para dominar la ciudad. Cuando lo decidió, lo primero que pensó es que la batalla que tenía que dar era matar a los de la Coordinadora, es decir, ganar una interna rápidamente. La puja interna fue muy fuerte durante los primeros dos años.



¿Pero él para llegar a ser candidato fue a elecciones internas o hubo una lista de unidad?

Hicimos un acuerdo, y Renovación y Cambio fue todo junto, no hubo ningún problema. Los primeros dos años, Albertí tuvo un gobierno bastante desprolijo y con el objetivo puesto en matarnos a nosotros en la gestión municipal. Y bueno, nosotros tuvimos que defendernos, y así fue la famosa interna del año 85. Fue muy dura. Y empezamos a alejarnos de él los de la Coordinadora .

En resumen, los primeros dos años de su gestión, Albertí decidió enfrentar a sus aliados, que éramos la Junta Coordinadora Nacional, porque se quería convertir en el dueño de la ciudad de La Plata y del radicalismo local, para después ver qué proyección podía tener.

Entonces nosotros tuvimos que defendernos en una interna muy complicada, pero se la ganamos, y él ya llevaba dos años de gestión. Yo encabecé la lista de concejales. El resultado dejó muy tambaleante al gobierno de Albertí, por un lado, y por otro lado por su propia forma de gestionar tuvo numerosas dificultades.

De todas maneras es cierto que ahí comenzó un proceso de deterioro muy grande de su imagen, hubo algunos enfrentamientos y finalmente debió renunciar faltándole poquito, ya había sido Pablo Pinto electo como nuevo intendente. Yo creo que Albertí se corrió un poco como un gesto para descomprimir.



¿Para descomprimir la interna en la UCR?

Sí, pero es más complejo el tema. Después con los años fuimos viendo las cosas de otra manera. Yo hoy reivindico mucho más gran parte de la gestión de Albertí que en aquella época. Tengo una gran valoración de ese período. Fue un tipo muy pintoresco en muchos sentidos. Era un tipo muy generoso, muy popular, tenía un estilo singular. Él decía “nosotros somos horizontales y policlasistas”, como señalándonos a los de la Coordinadora de ser una organización más de cuadros, y un poco aristocráticos.

Pero también es cierto que algunas cosas sí hizo muy bien, por ejemplo impuso la tasa por capitalidad y eso trajo todo un quilombo con (Antonio) Cafiero, pero más o menos se sacaron algunos mangos e hicimos algunas cosas muy interesantes.

Por ejemplo, una contribución especial en la tasa de alumbrado, barrido y limpieza para hacer asfalto y para gas. Con eso se había creado un fondo especial, nos demandaron por inconstitucionalidad, ganamos la demanda y con eso quedó una buena reserva para hacer las redes troncales y poder llevar el gas a zonas que por ahí los frentistas no podían pagar .

Y el asfalto, sobre todo a unidades sanitarias, a escuelas o lugares que eran imprescindibles. Eso tenía un fuerte sentido social y un fuerte rol intervencionista de parte del estado. En esas cosas caminamos juntos por ejemplo.



¿Y cómo fue transitando la parte negativa de la gestión?

Tuvo muchos problemas, nosotros nos peleamos mucho con algunas cuestiones que tenían que ver con los servicios públicos. Él quería manejarlos desde el Ejecutivo, y bueno nosotros no, y se armó un gran quilombo y hubo muchas desaveniencias. Pero no obstante hay cosas de Albertí que fueron muy importantes, que deben ser dichas, y que no fueron hechas por decisión suya pero que fueron durante su gestión.



¿Cuáles por ejemplo?

Te diría que dos fundamentalmente. El levantamiento, apuntalamiento, desarrollo y crecimiento del Banco Municipal , que cuando llegamos tuvimos que rescatar vendiendo algunas reservas de oro. Después vino Julio Alak y lo liquidó vergonzosamente. Y fue porque (Domingo) Cavallo dijo que había que terminar con los bancos. A nosotros nos había dado una buena mano para levantarlo Carlos Heller, que ya dirigía el Credicoop.

Y otro gran acierto de su gestión fue restaurar el Coliseo Podestá, que era una tapera. Le habían crecido árboles adentro, te lo juro, debe haber fotos que lo certifican. Entonces se conformó la Fundación Coliseo Podestá, auspiciada por el Banco Municipal. Cuando lo inauguramos vino Marcel Marceau y muchos artistas de gran nivel.



¿Cómo eran las inundaciones de La Plata en ese entonces?

Hubo algunas pero no tan importantes como las que hubo después. Cuando recuerdo me da risa porque había una cierta competencia, porque en el Ministerio de Acción Social (manejado por la Coordinadora) salían rápido , y la municipalidad salía por su lado, había una competencia abierta. Yo siempre digo que Albertí en la inundación de 2013 habría roto las vidrieras de las casas que venden botes. Se manejaba así.



El Concejo

Montero: Era un gran tipo Gabriel Nauda, el único concejal del Partido Intransigente. Cuando nosotros llegamos al concejo deliberante el presidente fue Rivas, que era nuestro, me refiero a que era de La Coordinadora. La presidenta del bloque era “La Muñeca González”, la famosa “ Muñeca”, de Tolosa, que era de Albertí a muerte. Y en el bloque, el sector de Alberti tenía mayoría, en ese momento estábamos 8 a 6 a nuestro favor,y lo sumamos a Nauda, que siempre trabajaba con nosotros como si fuera parte del bloque, y ya éramos 7.

Bueno y ahí hubo un montón de episodios. Una vez hubo una firma de los ocho concejales estos que yo te digo pidiendo la renuncia de Alberto Rivas como presidente del concejo deliberante.



¿Con que argumento?

Había un montón de pujas. Supuestamente había nombrado un empleado en no sé dónde sin consultar a los demás, una boludez, estábamos muy peleados. La interna fue terriblemente dura. Una vez, los peronistas le pidieron una interpelación a Albertí. Yo toda la vida dije que si fuera ministro o intendente, a las interpelaciones iría a todas, porque los hacés pedazos.

Entonces nosotros se la votamos a favor, Albertí se calentó mal, pero fue al recinto con todos los secretarios y cayó el peronismo, y el PJ empezó a preguntar “hola buen día quería saber qué hora es” , “me podría decir si hace frío”, preguntas de ese tipo.

Y yo me calenté, en un momento pedí un cuarto intermedio, me junté con los nuestros y dije “miren muchachos, yo acá al circo no vine, así que vamos a hacer interpelaciones en serio, y empezamos a preguntar nosotros a Albertí, y se la pusimos medio fea, pero bueno, zafó. Fue muy jodido porque fuimos nosotros los que nos pusimos al frente de la interpelación y corrimos de lado al peronismo.



¿Y cómo pulseaba el PJ?

¿Sabes que hacían? Arreglaban con Antanasoff cualquier cosa y él venía y ponía 300 monos en el concejo y gritaban y me pateaban el escritorio. A mí no solo que no me molestaba, sino que me venía al pelo porque nosotros crecíamos en el partido con eso y yo personalmente recontra crecía.



¿Y el diario El Día cómo estaba con la gestión del radicalismo?

Con Albertí al principio estaba bien. Pero El Día tenía un problema con nosotros muy grave. Durante los cuatro años en los que Pablo Pinto fue intendente no le sacó nunca una foto.



¿Cómo en todo su mandato no apareció su imagen ni siquiera una vez?

No solo eso, sino que hay fotos donde estaba Pinto y lo sacaban de la imagen con un montaje. En realidad Raúl Kraiselburd siempre tuvo un enfrentamiento con toda la Junta Coordinadora porque según él nosotros en esa época mandábamos a pintar “El Día miente”. Pero la mano venía mal desde antes, porque Sergio Karakachoff y toda esa gente del radicalismo de la época, que eran todos balbinistas, conformaban una corriente que se movía con determinados parámetros. La cuestión es que ya de ahí la mano venía mal, eran duros contra “El Ruso” y él después a nosotros nos odió, nos hizo la vida imposible permanentemente.

¿Estaban peleados por cuestiones ideológicas?

Él era cualquier cosa, siempre fue un intelectual de poca monta, un cachivache, no así su padre, que era todo un señor, independientemente de que también era mercader del diario, pero era otra cosa.

Yo me acuerdo que Raúl Kraiselburd me ha destrataba, desde su punto de vista yo no era nadie. Era un concejal y nada mas, pero bueno, a partir del 85 y hasta el 89 fui presidente del bloque pese a que no le gustara.



¿Recordás algún enfrentamiento en particular?

Por ejemplo, un día nos encontramos en Estudiantes de La Plata. El candidato nuestro era Osvaldo “Pepe” Pozzio, que era de Gimnasia, y Julio Alak era de Racing. Y en esa mesa Raúl claramente se pronunció por Alak, y a mí me ninguneó.



La llegada del Cable a La Plata

“En esa época para tender el servicio de cable primero tenías que obtener de la Municipalidad el permiso de uso del espacio aéreo y subterráneo. Recién después de obtenerlo podías ir al COMFER y tramitar una licencia, que podían aprobarte o negarte.

Apenas llegamos al municipio, nos encontramos con dos ordenanzas que había hecho el último intendente de la dictadura, Abel Román, mientras se iba de la gestión. Otorgaban el espacio aéreo y subterráneo a dos empresas de Raúl Kraiserlburd.

En una sesión mandé a un concejal nuestro a provocar al PJ, que se fue del recinto. Como teníamos 14 miembros y nos sobraba para llegar al quórum, aproveché y sobre tablas hice derogar esas dos ordenanzas. Y dijimos: “hay que licitar el cable en La Plata”. Porque la Municipalidad tenía que regularlo.

Buscamos toda la legislación que había en el resto de las ciudades grandes de la Argentina sobre el tema, y nos encontramos con que había una sola empresa en todo el país que proveía el servicio. Entonces licitamos el permiso de uso del espacio aéreo y subterráneo. Pedíamos cable de fibra óptica con capacidad hasta 64 canales, y nos decían para qué tantos, y prohibimos que las empresas que fueran aprobadas se subsumieran a cualquier cable nacional. Mirá vos eh. Las tarifas las tenía que fijar el CD, tenían que pagar un canon y además el municipio disponía de espacio al aire, para tener programas propios.

Y después de mucho ir y venir, lo fuiimos a ver a Jorge “Chacho” Marchetti (conocido presentador de televisión) que era radical de toda la vida, lo juntamos con otra empresa e hicieron una UTE, y se presentaron como Dardo Rocha.

El diario El Día compró un pliego y nos objetó administrativamente, fue a la Suprema Corte y nos demandó por inconstitucionalidad. ¿Sabés quién los patrocinaba en el juicio? Abel Román. Y se lo ganamos, la Corte nos dio la razón, dijo que no era inconstitucional porque era un servicio público y que además no podía haber ningún monopolio, y otras consideraciones más. Kraisrlburd se quería morir. Y dijimos: si queremos manejar la ciudad por muchos años tenemos que hacer las paces con El Día alguna vez. Seguía habiendo uno solo.

Llegó Alak, desreguló todo, le dio un cable a El Día, que después lo vendió a Cablevisión, que después absorbió a Dardo Rocha. Es decir que el ex ministro de Justicia que levantaba el dedo admonitorio y decía bla bla bla en favor de la ley de medios, Julio Alak, fue el tipo que hizo pedazos la competencia en La Plata. Yo tengo buena relación, se lo critiqué una vez cordialmente y me respondió: “Bueno Sony, eran otras épocas, teníamos que hacer otras cosas”.



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