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Editorial

Comenzó el año y la política platense desnuda su miseria económica, moral e intelectual: recen los que crean

“Et tema central que hay que analizar es cómo se resuelve lo nacional”, dicen los dirigentes platenses de todos los clanes políticos, a falta de los partidos tradicionales que se fueron de la ciudad como los gorriones. Pero mientras pasan cosas.

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por Nicolás Harispe @nicolasharispe

07/02/2019

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Con esa lógica, en todas las tribus de la partidocracia platense hacen cálculos, viajan asiduamente a la Capital Federal (sede de todos los dedos), publican espantosos spots en las redes sociales y gastan saliva indiscriminadamente en fantaseosas roscas de cafés céntricos.

Allí se cuecen sueños de candidaturas, se chusmean novedades de fuentes dudosas y se prometen negocios indecibles. Todo a pocas cuadras de la Legislatura y el Palacio Municipal.

La sociedad platense, en tanto, enfrenta el mayor desafío de los últimos años: sobrevivir en tiempos durísimos. Pagar las facturas, los alimentos, quizá la cuota del club, quizás el psicoanalista, quizás alguna cerveza con amigos.

El periodismo es clasista, como los grandes difusores de valores e ideas, por eso también habría que decir que muchas familias, ni siquiera eso. Porque el grueso de la población apenas cubre lo necesario para subsistir. Cuando se habla de “las nuevas costumbres de los argentinos”, como por ejemplo alquilar departamentos de cinco metros cuadrados, no sólo se opera para transformar el defecto en virtud. También se invisibiliza lo que vive la mitad de los pibes y pibas de este país, que es lisa y llanamente miseria, desesperanza y apatía generalizada por los dirigentes políticos.

Cuando hablamos de La Plata, tendríamos que poner el acento no sólo en el debe y el haber de la gestión de Julio Garro en los barrios visibilizados, o en los sectores integrados al conjunto social.

El hondo bajo fondo es más profundo, deberíamos poner sobre la mesa a las decenas de menores que se pueden ver en las rutas de acceso a La Plata ofreciendo sexo para comer, en los jóvenes reventados por las drogas en donde el Estado (nacional, provincial o municipal) ya no existe, en la tristeza de los sin voz que derrumban su autonomía individual por el consumo de alcohol, o en los que tienen como único horizonte algún regalo del destino.

La mitad de los platenses, más o menos, se cae del borde inferior del segmento que consume lo que se necesita para vivir. Es claro que, en ese contexto, si cualquier edil presentara un pedido de informes y señalara que la gestión comunal desvió fondos para comprar una lamparita en vez de pintar un cordón, la vida no le cambiaría a nadie.


Tampoco le cambia a nadie lo que discurre en el Concejo Deliberante. Las falencias graves en la gestión municipal se esconden tras denuncias superpuestas de lo más desinteresantes : “Así está la ciudad, tapada de basura”, podría ser una plantilla para los comunicados de prensa de alguno de los clanes de la política platense.

Ese comunicado, o espacio patrocinado que se repite hasta el hartazgo en las redes sociales (ahora los genios locales están absortos por el poder de la imagen de Instagram, y sus prenseros les dijeron que ahí está la posta para instalarse) suele ser como la canción del verano que todos tararean compulsivamente. No se les cae ni una idea. En los años 80 y en los 90 quedaron apilados decenas de proyectos innovadores y que proponían programas o políticas de transformación real para La Plata.

Por ejemplo, le elección directa de los delegados. Fue una idea de la gestión de Julio Alak. Se votó, y como a Don Julio no le gustó, se cortó. El intríngulis de aquella transformación fue la elección de Gustavo Princi en Los Hornos. Apadrinado por el padre Carlos Cajade, Princi se impuso en aquellos comicios, pero como no era de la comunidad multiforme que vivía de la gestión de Alak, en calle 12 buscaron un expediente flojo de papeles y lo despidieron. Y nunca más se abrió el debate. Fue una breve pero gran gestión. Que no vaya a repetirse algo así, por favor.

¿Por qué no se puede elegir al delegado del barrio? ¿Por qué no hay un debate profundo en el Concejo sobre este tema? ¿Por qué nadie alza su voz para plantearlo sin que den permiso desde el despacho del Intendente? ¿Por qué en el Barrio el Rincón se tienen que fumar un delegado que ni siquiera es platense? ¿Por qué nadie habla de casi nada en La Plata y en la Provincia?

El caso del barrio “El Rincón” en Villa Elisa es una muestra de la sumisión de la política local a los recursos que provienen de la corporación. Allí hay una Delegación Municipal recientemente creada, en una zona que creció exponencialmente y donde los vecinos hacen reclamos de toda índole.

Hasta 2015 había trabajando allí, en la zona de El Rincón, unas 75 personas en 4 cuadrillas distintas, hoy tienen 10 personas para resolver los problemas de una comunidad mucho más numerosa. ¿Con quién pueden sacar adelante al barrio las familias (que sufren robos, cortes de luz, basurales y otros males endémicos) que viven allí? ¿Qué tareas donde se involucre a la comunidad pueden realizarse? Si los vecinos de ese barrio seleccionaran al más representativo de la zona, la solución estaría más próxima que en la actualidad.

En cambio, en ese lugar (siguiendo con el tema) , lejos de elegir al delegado por el voto se lo elige por el apellido: José Quintero. Es el papá de Julieta Quintero Chasman.

El hombre no sabía nada del barrio El Rincón hasta que salió eyectado de Olavarría por una grave denuncia. Su esposa lo destrozó en los medios de esa ciudad, el hombre (ligado a UPCN) vino a La Plata, y como trabajo es lo que sobra, la hija Julieta (íntima del Jefe Comunal) lo puso como delegado municipal. Apenas se habrá repuesto del calor que pasó en su rápida travesía hasta estas geografías, Don Quintero ligó un cargazo. ¿Por qué algún concejal, o concejala, en lugar de poner en Facebook una foto de una bolsa de basura con la leyenda “Garro no recoge la basura” no deja por un rato de chusmear en las redes y sienta a alguien a ver cómo fue que aquella vez en La Plata la gente pudo optar por el mejor, o el menos malo del barrio?

Ahora, desde que Garro instaló nueva luminaria LED, empleados del municipio están podando salvajemente los árboles de las zonas donde quieren que se vean con mucho brillo los nuevos chiches del intendente. Él quiere que no haya ramas que tapen su conquista para los platenses. Pero ningún dirigente salió a decir lo que cualquier especialista sabe: la época de poda es en invierno.


Que se haga semejante barbaridad no importa: lo que garpó alguna vez es pegarle sin cesar a Pablo Bruera luego de las inundaciones. Ahora lo que hace toda la oposición es la danza de la lluvia y la difusión de videos por las redes para culpar al jefe comunal por las obras que no se hicieron nunca. Lo que resultó alguna vez puede resultar de nuevo, creen los portadores del pensamiento mágico que nos representan.

La agenda central que debate la política platense es, por el lado del oficialismo, mostrar las luces de la gestión (y no hablamos de las LED) y esconder las sombras. En la oposición, lo central de la dirigencia es instalarse. Graben eso estimados lectores y lectoras: ser conocido/a para sacar un metro de ventaja cerca del disco, dirían los burreros, es la más parecido a una utopía que puede movilizar a la dirigencia local.

Y lo de Quintero no es nada grave, si se pone en relación con otros temas. Y más si se lo compara con otros delegados que pasaron por la gestión desde 2015. Algunos conocen más los barrotes de las comisarías que los reclamos de los vecinos, y hubo uno que fue acusado hasta de robar un local de McDonald’s.

Pero la gente no puede elegirlos, en tiempos en los que se hasta puede votar por el mejor muñeco de Año Nuevo. Paradoja terrible: seleccione al mejor Momo, pero al delegado lo pone el intendente o la secretaria, o algún socio de alguien, o algún puntero, o algún senador provincial. Pero nunca usted, que vive allí. Dicho esto: ¿a qué temas que ayuden en algo a los que se levantan a ganarse el pan, y luego votan, se dedican nuestros representantes y/o dirigentes políticos?


Esta semana se eligió a la nueva Presidenta del Concejo Deliberante. Hubo más dimes y diretes que otras veces. También hubo heridos, como el concejal Pedro Borgini, que quería ser vicepresidente. La rosca que intentó junto a Lorena Riesgo (tres mandatos lleva como concejal y maneja ingentes fondos de cooperativas vinculadas a la ejecución del Fondo Educativo por acuerdo con la gestión de Cambiemos) salió mal, y como si los dividiera con el beneficiario del acuerdo final (Fabián Lugli) una grieta estilo MM-CFK lo acusaron de todo menos de hábil y mejor dialoguista.

La política menos plana y posmoderna está en el último lugar de las prioridades, como los cuadros políticos , que son una especie en extinción. “Sabés por qué Garro va a elegir a Ilena Cid como presidenta del Concejo?” dijo un edil a este cronista. “Porque es obediente. Eso garpa hoy: obediencia, no le critico sus cualidades, sólo te explico las razones por las que la eligieron. A Julio le importa más la obediencia que la capacidad. Desconfía de todo el mundo”.


Lo del Concejo es traído a colación sólo como reflejo de las relaciones y prácticas políticas en la Ciudad. El peronismo (que tienen mil caras) es cada vez peor, en un país que necesita mejor oposición para lo que vendrá tras este desastre.

Hay sólo guerra de egos, negocios, y una penosa incapacidad de los centros de gravedad locales para imponer otra agenda que la que bajan desde la ganchera en la que cuelga cada uno. Se lo ve a Federico Martelli acompañado por su espacio político (el MUP) pensando el rol del mercado regional, su mudanza, la puesta en valor de la zona de El Mercadito para crear un barrio donde el estado pueda acceder y las viviendas se pongan en valor. También nos habló en otra entrevista del aeropuerto, de su está entusiasmo por la conectividad de La Plata con ciudades de todo el país. Y cosas así. No recuerda este cronista un diálogo con temas de la Ciudad semejante. Florencia Rollié quiere poner luz a la noche platense. Guillermo Escudero y Gastón Crespo apuntan contra Edelap para que alguien haga algo con esa empres nefasta, odiada por todos sus usuarios, usurera e ineficiente. Escudero y el PJ local muestran su inserción barrial por la agenda que desarrollan, al revés de los sectores que sólo gastan tinta y músculos en temas como Venezuela. El Movimiento Evita mandó a su activismo a apuntalar los problemas de la CTEP en los barrios más pobres de la ciudad. Virginia Rodríguez está desarrollando una agenda sobre el reciclado de la basura y las políticas de género. Ahí se acaba la cosecha posible. Más no hay. Sólo la guerra popular y prolongada contra el ruin Montgomery Burns representado por Julio Garro para una oposición tan plana. Si aparece una rata con Hantavirus, la primer tarea será postear en alguna red. “Garro no limpia la Ciudad”, y después, sólo después, alguien agarrará una escoba para matar al roedor. Qué tristeza que hay en la Ciudad, Guasones tiene razón.


Hubo un candidato a Intendente que se lanzó por Instagram. No importa quién, lo traemos a colación como demostración de las limitaciones de los sectores partidarios platenses. Algunos referentes no podrían llenar una charla debate, y mucho menos organizarla. Llevan con ellos a todas partes al asesor que comentará algo en la web como una botella arrojada al mar. Y el o la dirigente irá como todas las noches a su hogar a esperar un día menos hasta que todo se acabe, o se renueve. Esta última es la gran utopía que inspira a la dirigencia platense.

Otros y otras sueñan con el lugar de Julio Garro. Son pocos. Guillermo Escudero aparece con muchas chances, porque los vientos que soplan lo favorecen. Lo mismo con Martelli y el Evita. Un peronismo corrido al centro aparece con más nitidez que la idea de una salida exitosa de la resistencia con aguante.

Las blondas referentes ultracristinistas Florencia Saintout y Victoria Tolosa Paz saben que dependen del dedazo cristinista. Y en esa lucha interna se desgañitan lanzando dardos contra Julio Garro, contra los pozos de Garro, contra el agua de Garro que se acumula cuando llueve, y contra cualquier cosa de Garro. Una sabe más de la Escuela de Frankfurt que la otra, y la otra sabe más del pulso vecinal.

Pero ninguna juntaría cien fiscales para enfrentar a Cambiemos. En cercanías de ese escenario, el ex concejal que sí los juntaría, Guillermo “Nano” Cara, hace el camino más peronista, el de agrupar y organizar. Pero los resultados por ahora no sintonizan con la cultura dominante del Instituto Patria: ya no el “mandar obedeciendo” del subcomandante Marcos, sino el “obedecer y encontrar a quién mandar” del subcristinismo. Las rodea un halo de belleza y pureza nac and pop. Todo muy bonito, muy de City Bell. Donde nadie, o casi nadie vota por Perón.


Otro emergente de la etapa son las organizaciones sociales que siguen el sendero de Juan Grabois. Irrumpieron en la escena local de la mano del ex Juez Luis Federico Arias, con un nombre rarísimo. Sus referentes locales atienden urgencias de las capas sociales más emprobrecidas y marginadas, y su militancia es portadora de una alta concentración de pureza ideológica. Pero así como los políticos profesionales sólo encuentran una vía para interpelar a los platenses señalando con el dedo las pobrezas de la gestión de Garro, los seguidores de Grabois lo hacen apelando sólo al hambre y la emergencia social, tema que desborda el plano local. “¿Y quién me arregla la vereda?” dirán los empobrecidos militantes de base. Mientras, la subsistencia, es decir, la lucha en un plano reivindicativo más que político o partidario sigue cohesionando a esas agrupaciones, que están demasiado verdes todavía para el escenario electoral, aunque tienen la fuerza de la voluntad.


En tanto, las manos de los titiriteros se siguen estrechando en el peronismo, así que en algunos meses quizá sobre fines de mayo) habrá un panorama más acabado de lo que presentará el inmenso club del populismo platense. La contraparte, Cambiemos, tiene todo más claro: “Hay que llegar hasta diciembre haciendo pocas olas”. Nada demasiado bueno asoma por ese campamento más que la debilidad del panperonismo.

Pero un fantasma recorre al Palacio Municipal: la oleada nacional. Con CFK o con el ex ministro de Economía Roberto Lavagna, que si se mete en el balotaje podría provocar un tsunami.

El malestar social ya no se puede calificar, tiene una complejidad sin precedentes, porque está mezclado con un profundo desprecio de la sociedad hacia la política, a la que identifican con los políticos , aquellos a quienes iba dirigido el que se vayan todos.

No hay un Mesías a la vista, ni tierra prometida por alcanzar, tan sólo llegar a fin de mes. Con la esperanza de no votar entre lo horrible y lo espantoso, la gente de a pie junta peso por peso para pagar el pan.

Es muy enternecedor ver cómo se pronostica, se calcula y se especula con las listas en un país en el que como Haití, todo puede pasar, pero nada bueno en el corto plazo. El sueño colectivo argentino parece que nunca termina bien, todo suele quedar bajo el lodo, y las miserias materiales se convierten, indefectiblemente, en espirituales.

Así comenzó el año la política platense. Quizá se reactive algo y la oferta mejore. Los que creen en Dios, recen, y los que no, ayuden a los hambrientos, a los desahuciados, a las mujeres violadas o abusadas, a los pibes y pibas que no comen las cuatro comidas, a los ancianos que mueren llenos de sarna en barrios pobres en los que el médico del PAMI nunca va a llegar. Todo lo demás, hasta estos comienzos de febrero, fue para los miembros de la corporación.


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