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Opinión

El hambre en la ciudad de La Plata es una cuestión de voluntad política

Por Marcelo Leyría. Abogado, docente universitario. Dirigente de Encuentro Peronista. Diplomado en Conducción de Organizaciones Sociales (UNSAM). Especialista en Doctrina Social de la Iglesia (UCA). Miembro de la Fundación Soñar Argentina.

por Blanco Negro

17/11/2019

Leyria



Los dirigentes que sentimos vocación política y vivimos la política como la herramienta para el cambio social, debemos tener presente que gobernar implica la responsabilidad de representar los intereses de todo nuestro Pueblo y dar respuestas a la demanda de los representados que confiaron en nosotros.

Asumir esa responsabilidad conlleva, necesariamente, tomar decisiones para poner en orden las prioridades de la agenda de gobierno en función de criterios de importancia y urgencia. En La Plata, el verdadero desafío es lograr la integración de la ciudad. Recorriéndola, caminando los barrios y hablando con quienes los habitan, se reconocen claramente muchas ciudades con circunstancias muy particulares, pero es necesario dar a todas las respuestas que se están esperando y desde hace mucho tiempo. La lista es larga pero no hay dudas de cuáles son las urgencias.

En la capital de la provincia de Buenos Aires hay un 39% de la población pobre, un 7% de personas indigentes, 160 asentamientos sin las mínimas condiciones de habitabilidad, donde varios miles de niños y niñas presentan algún grado de desnutrición. Esos asentamientos están en la periferia, donde el 70% de los niños presentan descalcificación. Solo en 155 de los sitios de distribución de alimentos que la UNLP releva, casi 6.000 personas, todos los días reciben la única comida a la que acceden, son algunas de las familias de las más de 50.000 cuyos papás y mamás se encuentran sin trabajo y otros tantos y tantas con trabajos precarios y en condiciones laborales deplorables.

En este panorama que el gobierno municipal plantee como prioridad la elección de delegados resulta de un grado de insensibilidad que alarma. Estos números son personas que están padeciendo carencias que obligan al Estado a intervenir, a tomar medidas para revertir esa situación rápidamente. No hay opción. No hay más tiempo.

Durante las últimas elecciones la gestión municipal destinó montos desorbitantes (cuyo origen todavía no se ha rendido a la ciudadanía) para llevar adelante una campaña publicitaria y mediática que resulta obscena en un momento donde tantas personas no acceden a lo más básico para la subsistencia.

Es fundamental que no nos acostumbremos a esperar respuestas: debemos exigir una agenda que no divida más a los platenses, una agenda que refleje las preocupaciones de las personas. Hoy, una agenda que dé respuesta al hambre que miles y miles de platenses sienten cada día. Hambre en un país en el que se producen alimentos para cubrir la demanda de diez argentinas. Hambre en una ciudad con cuatro universidades que ya no saben cómo expresar la situación, con miles de informes a disposición de la gestión municipal, que denuncian lo que está pasando, que dan soluciones y que dejan ver que la cuestión tiene que ver más con la voluntad política que con los recursos.

Es fundamental que la agenda del municipio no divida más a los platenses entre aquellos que comen y los que no.

Con lo que venimos planteando no desconocemos que mejorar los sistemas de articulación y canalización de las demandas de los distintos barrios es importante, el municipio debe estar presente en los 19 barrios. Lo que decimos es que hoy no es urgente. Aun así, de realizarse este proceso de elección de los delegados municipales, la misma debería asegurar condiciones de igualdad para que quienes quieran postularse puedan partir de posiciones similares para la contienda electoral.

Pero volvamos a lo urgente: revertir en lo inmediato el hambre en la ciudad. Después, todo lo demás. Porque es irresponsable, es incumplir con la tarea de funcionario público que el pueblo padezca por la falta de decisión política.
Porque ese padecer no es solo doloroso en lo inmediato. Esas carencias arrebatan el futuro y sobrepasar ese límite es algo que no debemos permitir.
 
 
Fuentes: Indec, Observatorio Socioeconómico de la Universidad Católica de La Plata, Consejo Social de la Universidad Nacional de La Plata.


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