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Sierra de la Ventana

Ex Club Hotel: lo que queda de uno de los proyectos más ambiciosos de la Provincia

La construcción del Club Hotel de la Ventana representa uno de los proyectos más ambiciosos y visionarios de la historia argentina. Sin embargo, pocas veces pudo brillar con todo su esplendor, y gran parte de su historia se cuenta con añoranzas, recuerdos y misterios

05/09/2013

Exclubhotel

Hace muchos años más de cien el doctor Félix Muñoz, especialista en enfermedades respiratorias, visitó Sierra de la Ventana y consideró que, por las condiciones climáticas y la pureza del aire, la zona era perfecta para instalar un centro de salud. Le comentó su proyecto al doctor Manuel Láinez, que era dueño de una buena cantidad de tierras en la zona y además tenía contactos en la compañía británica Ferrocarriles del Sud.

Tanto los doctores como el grupo inversor creyeron que era un gran proyecto a futuro, y dieron los primeros pasos. El ramal del ferrocarril que atravesaba la pampa hacia Bahía Blanca daba muchas ganancias en ese entonces, que se verían incrementadas al sumar una estación en la zona de las sierras, con aspiraciones turísticas.

En 1904 se apilaron los primeros ladrillos, que habían sido especialmente traídos por Ernesto Torquinst, otro gran poseedor de tierras en la zona, desde su fábrica en Checoslovaquia.

Con una superficie cubierta de 6400 metros cuadrados, el hotel estaría perfectamente equipado para que la estadía de sus visitantes fuera confortable y no hubiera nada en el lugar que pudiera ocasionar estrés. Meticulosamente, se cuidó hasta el último detalle. Las instalaciones incluían una galería solárium, salón de fiestas para 150 personas, sala de música para conciertos, biblioteca, campo de golf, cancha de tenis, dos peluquerías, un restaurante, un entrepiso para usar como Night Club y el toque de distinción: tres salas de casino.

El 11 de noviembre de 1911 todo estaba listo para la inauguración oficial. El evento reunió a más de 1300 invitados, que llegaron en tren desde Buenos Aires para la ocasión. Casi todos los apellidos de la oligarquía estaban presentes: Anchorena, Ayerza, Blaquier, Martínez de Hoz, y otros tantos que resuenan en distintos capítulos de la historia argentina. Julio Argentino Roca, invitado de honor del banquete inaugural, se refirió al hotel como “la maravilla del siglo”, pero se avecinaban tiempos que enturbiarían la historia.

La primer temporada fue exitosa. Más de 300 personas se hospedaron en aquel edificio con forma de “U” que custodiaba, desde 550 metros sobre el nivel del mar, la serranía bonaerense. La imponente torre-mirador que se erguía en medio del terreno, despojado de árboles pero rodeado de jardines diseñados por el arquitecto y paisajista Carlos Thays, permitía una alucinante vista panorámica. Sin embargo, el centro de salud se había transformado en un lugar de relax y lujo al que accedían sólo los privilegiados.

El año siguiente abrió una etapa que estaría signada por cambios inesperados. La sanción de la Ley Sáenz Peña modificó las reglas del juego político y abrió el panorama hacia aquellos sectores que históricamente habían sido relegados, sometidos, explotados. La oligarquía debía ceder lugares y la democracia participativa de a poco los fue alejando del poder político.

De todos modos, el Club Hotel seguía siendo una exclusividad para aquellos cuyo poder adquisitivo les permitía realizar viajes turísticos, por cierto novedosos en aquellos años. Su funcionamiento dependía, entonces, de que existiera en la Argentina un caudal de adinerados dispuestos a invertir su dinero en unos días de distensión.

El estallido de la Primera Guerra Mundial y sus consecuencias económicas comenzaron el proceso que llevaría al hotel a un vacío de poco más de veinte años. Pero el detonante fue, en realidad, la sanción de una ley, en 1917, que prohibía los juegos de azar, con lo cual los ingleses propietarios del Club Hotel dieron la orden de cierre definitivo. Desde ahí, durante 23 años sólo habitaron en él los encargados de mantenerlo en pie y el viejo proyecto de centro de salud se enterró por completo. Inició entonces una etapa en la que el hotel se convirtió en testigo (cuando no víctima) de la realidad política nacional e internacional.

Durante esos veinte años, a pesar del esfuerzo de sus cuidadores, las paredes comenzaron a desgastarse y el mobiliario de a poco fue vendido para afrontar los gastos de mantenimiento. “La maravilla del siglo” comenzaba a opacarse.

En 1939 las grandes potencias se enfrentaron y el mundo atravesaba su Segunda Guerra. En diciembre, el acorazado Graf Spee se hundió tras un enfrentamiento con la flota inglesa en Uruguay, en el episodio que hoy se conoce como “La Batalla del Río de La Plata”. Pese a que Argentina se encontraba en una posición neutral frente a la guerra, decidió refugiar a los tripulantes del acorazado. Así, 330 marinos alemanes se instalaron en el Club Hotel, en 1943.

La estadía de los marinos duró dos años. En ese tiempo recuperaron el hotel, lo limpiaron y restauraron muchas cosas que ya estaban en deterioro. Sus días en las sierras eran organizados. Allí trabajaban, jugaban al fútbol, y hasta tenían una orquesta. La mayoría de ellos no tenía más de veinte años y al momento de regresar a Europa, muchos se apuraron a casarse y se quedaron en la serranía pampeana, donde hoy en día viven sus descendientes.

Con la partida de los alemanes, el Club Hotel inició una nueva etapa de olvido, que duró veinte años. Esta vez se sumaron los saqueos y de a poco se fue perdiendo el mobiliario, la vajilla, la bodega quedó completamente vacía y muchos elementos de valor, que ya en ese entonces representaban un tesoro, desaparecieron.

En 1980, cuando la dictadura ya había amenazado con demolerlo e incluso habían comenzado a talar los árboles de sus alrededores, el Hotel fue vendido a una empresa que inició el proceso de restauración, con la intención de reacondicionarlo y ponerlo nuevamente en funcionamiento. Pero, al parecer, su destino ya estaba escrito y en la noche del 8 de julio de 1983, un incendio arrasó con mucho de lo poco que quedaba, y lo redujo a cenizas.

De aquel visionario proyecto, casi siempre inconcluso, sólo quedaron algunas paredes y columnas. El origen del incendio se desconoce, pero muchos aseguran que fue ocasionado intencionalmente. La particularidad de los fracasos del Club Hotel es que no le son atribuidos a fantasmas o maldiciones, como sucede en otros casos en los que el imaginario popular construye historias místicas propias del folklore local. La constante decadencia del Club Hotel fue siempre el resultado de acciones o decisiones del hombre, de los funcionarios, de quienes en lugar de revalorizar aquellas cosas que nos son propias, en lugar de tener memoria histórica y resguardar el patrimonio, lo han utilizado para beneficio propio cuando han tenido la oportunidad y, cuando no, lo han dejado en manos del olvido.



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