jueves 03 de abril de 2025 - Edición Nº -2311

Información General | 31 mar 2025

El turismo de bienestar ya no es una moda: qué lo diferencia y cómo ofrecerlo

Turismo de bienestar en Argentina, tendencias, destinos termales y cómo las agencias pueden ofrecer experiencias que combinan salud y descanso.


No hay un solo tipo de viaje. Hay quienes caminan ciudades sin agenda, quienes buscan montañas en silencio, quienes hacen check-in solo si hay spa, quienes se despiertan con el canto de un pájaro y no con una alarma. Lo que cada vez resulta más evidente es que una parte significativa de los viajeros actuales empieza a moverse por razones que no se explican solo desde el ocio o la fotografía. Hay algo más ahí: una búsqueda que combina descanso, reparación y cierta forma de equilibrio.

 

Cuando el cuerpo pide otra cosa

Durante mucho tiempo, el descanso fue sinónimo de desconexión pasiva: dormir, comer bien, mirar el mar. Hoy, esa idea está en plena transformación. Las personas no viajan solo para detenerse, sino para rearmarse. En ese intersticio entre el relax y la intención aparece una corriente que crece de manera sostenida: el turismo de bienestar.

La tendencia no es nueva, pero ha adquirido en los últimos años una densidad distinta. En Argentina, según datos difundidos recientemente, cerca de dos millones de turistas al año eligen destinos y servicios vinculados al bienestar y la salud, generando un movimiento económico que ronda los 1.200 millones de dólares. Cifras que indican algo más que una moda.

 

Dónde se anclan las experiencias que transforman

El termalismo ocupa un lugar central dentro del mapa del turismo de bienestar en el país. Con más de 400 fuentes termales naturales registradas, de las cuales unas 200 están disponibles para uso turístico, Argentina ofrece una variedad considerable de propuestas. Sin embargo, solo 66 centros termales están en funcionamiento activo, y apenas 55 cuentan con infraestructura apta para recibir viajeros de forma sostenida.

Entre Ríos aparece como un referente consolidado, con 15 complejos distribuidos en 13 localidades que van desde Villa Elisa hasta Chajarí. También Termas de Río Hondo, en Santiago del Estero, se posiciona como un punto destacado, donde la totalidad de sus alojamientos ofrecen aguas termales. Pero más allá de la geografía, lo que importa es la forma en que estas experiencias se articulan con un deseo creciente de habitar el tiempo de otro modo.

 

La salud como experiencia y no como urgencia

A diferencia del turismo médico, que suele vincularse con tratamientos específicos y muchas veces con situaciones de urgencia o alta complejidad, el turismo de bienestar se inscribe en otro registro. Se trata de un movimiento voluntario, preventivo, donde la búsqueda de salud está asociada a una forma de disfrute, de cuidado continuo, de reencuentro con el propio ritmo.

 

 

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Las aguas termales, en este sentido, ofrecen beneficios diversos que van desde lo físico hasta lo anímico. Sus propiedades incluyen efectos analgésicos, depurativos, revitalizantes y antiespasmódicos. También colaboran en procesos vinculados al metabolismo, a la mejora de la circulación sanguínea y a la prevención de afecciones respiratorias crónicas. Pero, más allá del dato fisiológico, lo que emerge es una experiencia integral, que involucra cuerpo y contexto.

 

Un tipo de viaje que exige nuevos lenguajes

Para las agencias de viaje, el crecimiento de este segmento representa una oportunidad que no se limita a sumar destinos termales en el catálogo. Implica repensar la forma en que se narra la experiencia, el tipo de asesoramiento que se brinda, la selección de proveedores y la capacidad de identificar perfiles de viajero menos evidentes.

El bienestar no es homogéneo. Hay quienes lo buscan en el silencio de un campo con tratamientos holísticos, y quienes lo encuentran en un hotel cinco estrellas con circuito de spa y gastronomía cuidada. Las agencias que logren construir propuestas versátiles, que no encorseten al pasajero pero sí lo orienten, tendrán una ventaja real frente a quienes sigan entendiendo el bienestar como un extra.

 

Infraestructura, servicios y experiencias que hacen la diferencia

Los complejos termales del país han ido ampliando su oferta. Ya no se trata sólo de una pileta con agua caliente. Hay cascadas, hidrojets, piscinas interiores y exteriores, espacios de meditación, masajes, propuestas gastronómicas con ingredientes locales, parques acuáticos, hospedajes de distintos niveles y actividades recreativas que contemplan tanto a adultos como a niños. Este tipo de servicios amplía el espectro de posibles visitantes y convierte a los destinos en opciones atractivas durante todo el año.

Frente a esta diversificación, el rol de la agencia vuelve a ser clave: saber seleccionar, filtrar, recomendar. No todos los complejos están igual de preparados, ni todos los destinos tienen la misma accesibilidad o conectividad. Comprender esto no sólo mejora la experiencia del viajero, también posiciona a la agencia como un interlocutor valioso.

 

Cuando el negocio es el cuidado

Que el turismo de bienestar crezca no es casual. Responde a cambios más profundos en la forma de vivir. El trabajo remoto, el burnout, el envejecimiento activo, la conciencia ecológica, los consumos saludables: todo eso converge en un nuevo perfil de viajero, que no busca una pausa sino una forma distinta de estar.

 

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Para las operadoras y agencias, esto implica no solo ofrecer productos adaptados, sino también una nueva forma de acompañar. Algunas operadoras mayoristas, como Tower Travel, ya incluyen en sus catálogos paquetes vinculados al bienestar, con opciones que combinan descanso, salud y contacto con entornos naturales.

La intermediación profesional sigue teniendo valor, pero ese valor se resignifica. Ya no alcanza con dar opciones, hay que construir sentido alrededor de ellas. Saber por qué un lugar puede ser reparador, y para quién. Detectar cuándo una experiencia genérica puede tornarse transformadora.

 

Lo que empieza a dejar de ser opcional

Aunque algunas estructuras de comercialización turística sigan funcionando como hace una década, todo indica que las lógicas del sector están cambiando. La demanda de experiencias con foco en el bienestar no solo crece, sino que se complejiza. Ya no se trata solo de tener termas en el portfolio, sino de saber qué lugar ocupan en la vida del viajero.

Y en ese punto, no hay manuales cerrados ni recetarios que sirvan para todos. Cada proyecto de viaje es una historia en construcción. Algunas empiezan con un diagnóstico médico, otras con una necesidad de pausa. Algunas incluyen niños, otras se hacen en solitario. Todas requieren escucha, interpretación y capacidad de lectura.

Tal vez el gran movimiento que esté produciendo el turismo de bienestar no sea solo en las rutas que se eligen, sino en las formas en que se habita el tiempo y se concibe el viaje. Algo que, lejos de agotarse en una tendencia, parece empezar a formar parte del modo en que cada vez más personas entienden la idea de cuidarse sin tener que esperar una razón urgente para hacerlo.

 

 

 

 

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